Un diván para Donald Trump II
Por: Rosario Herrera Guido
Para avanzar en la comprensión
en el conocimiento de la paranoia.
Jacques Lacan
His level of agotism is rarely exhibited
outside of a clinical environment.
(Su nivel de egotismo rara vez es exhibido
fuera de un contexto clínico).
David Remnick, “An American tragedy”, The New Yorker, 9/11/2016.
El 12 de noviembre de 2016, revolución 3.0 (hoy revolcion.news), publica el artículo “Un diván para Donald Trump”, en el que trato de interpretar el cúmulo de mensajes y exaltadas arengas del entonces candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ¡ahora Presidente por dos veces Electo!, como un discurso con reconocibles rasgos paranoicos: 1) el Paladín de los olvidados a los que sólo él puede redimir (delirio de grandeza); 2) el Empresario exitoso que logra todo lo que quiere; 3) el Narcisista que como solo reconoce lo que es idéntico a sí mismo, se desborda en odio hacia los demás, los otros, pequeños, despreciables,“de color”, indígenas, migrantes, homosexuales ymujeres, peligrosos (delirio de persecución); 4) el Erotómano, rodeado de mujeres, tal vez niñas, tratando de afirmar una extrema virilidad (erotomanía) y 5) el Ególatra, que como expulsa toda ley posible, violenta las reglas electorales, hasta interrumpir a su contrincante Hillary Clinton, para gritarle “What a nasty woman” (“Qué pinche vieja”), sin ser descalificado como candidato.
Trump siempre está perversamente blindado para poder consumar las más negras pesadillas conscientes o inconscientes de los norteamericanos y la humanidad. ¿Un paranoico en la Casa Blanca, en cuyo sótano están los botones para desatar la Tercera Guerra Mundial? ¡La realidad supera la ficción! Como dijo aquí en Morelia Jesusa Rodríguez: “Los norteamericanos a lo que más le tienen miedo es a sus películas, donde sus pesadillas se convierten en realidad.”
Mientras en la neurosis es posible decir “yo lo amo”, y “tú me amas”, Freud descubre que existen cuatro modos de expulsar este discurso: 1) no es él a quien amo, es a ella, a todas las mujeres: erotomanía; 2) una defensa que como no es suficiente, requiere el mecanismo de proyección: yo no lo amo, lo odio, los odio a todos; pero como esta inversión no basta, es necesario el mecanismo de proyección: él me odia, todos me odian: delirio de persecución (Lacan, Las psicosis, Barcelona, Paidós, 1984, p. 52); además de una tercera posibilidad: “yo no lo amo, “él la ama”, todos la aman: delirio de celos; perofalta una cuarta posibilidad: “Yo, un hombre, no amo a otro hombre, yo no amo a nadie […] yo solo me amo a mí mismo”: delirio de grandeza (Freud, “Sobre un caso de paranoia (Schreber)”, Amorrortu, 1979, t. XII, p. 60). Una frase que resume la expulsión de la ley de la cultura, que prohíbe el incesto y el parricidio, introduce la ley del lenguaje, la diferencia de los sexos y regula las relaciones de parentesco.
Un discurso paranoico que es posible reconocer en el programa del fascismo hitleriano. No por casualidad salieron jóvenes con suásticas en sus chamarras tras de Trump y sus promesas: 1) América Grande; 2) el culto a la Personalidad del Clown de TV; 3) la defensa de un nacionalismo victimista y revanchista que impulsa el odio hacia quienes los despojaron y conduce a la violencia (contra mexicanos, latinoamericanos y migrantes en general, contra el Otro, el diferente, el peligroso, bicho destinado al exterminio según el ideal nazi y 4) la invención de los enemigos que impiden el éxito y la felicidad, para crear la gran masa adoctrinada, conducida por una plutocracia (el gobierno de los ricos), aderezadacon un populismo de extrema derecha (el Imperialismo de Estado: explotación, discriminación, xenofobia, homofobia, y misoginia).
¡Y ahora, en su segundo mandato o autocracia, que el voto migrante haya sido determinante! Como denuncia poéticamente Gabriel García Márquez: “No sólo habíamos terminado por creer de veras que él estaba concebido para sobrevivir al tercer cometa, sino que esta convicción nos había infundido una seguridad y un sosiego que creíamos disimular con toda clase de chistes sobre la vejez, le atribuíamos a él las virtudes seniles de las tortugas y los hábitos de los elefantes” (García Márquez, El otoño del patriarca, Bruguera, 1984, p. 165). Porque la masa duerme a pierna suelta con solo imaginar que su amo es eterno, para poder desreponsabilizarse de todos sus actos y hacer responsable al amo de su felicidad o desgracia. Tal vez por ello circula desde que apareció Trump en la escena presidencial la parodia: “Primer Día de Trump en la Oficina Oval. Trump: “Debemos destruir a Isis de inmediato.” Pentágono, CIA y FBI: “No podemos hacer eso porque nosotros lo creamos junto con Turquía, Arabia, Qatar y otros, porque queríamos su petróleo. No podemos permitir la democracia ahí porque la gente va a poder poseer su petróleo.”
Dice la sabiduría popular que lo que sucede los primeros días del nuevo año pronostica los sucesos del resto del año. Pero el mundo entero espera que no sea así. El 2026 al parecer se anuncia más agitado que el 2025. Trump envía fuerzas y tropas estadounidenses a bombardear Venezuela, capturar al presidente y a su esposa y dar a medio entender y aceptar por el mundo que toma las riendas para hacerse de extensas reservas de petróleo, las más grandes del mundo.
Un crucial momento en el que hay muchas más preguntas y solo tentativas respuestas. Lo único que está bajo una claridad meridiana es que una bárbara diplomacia que desestima que el diálogo es la única prenda de paz en una democracia y por ello se expresa a cañonazos, que pueden hacer chuza con los pueblos latinoamericanos y el planeta. Un ataque que ya anunciaba su aparición en la escena bélica con los misiles lanzados a embarcaciones en busca de frenar el narcotráfico hacia su país, además de la captura de Maduro el supuesto líder del Cartel de los Soles. Pero muy pronto, como quien dice lo contrario porque se equivoca, por ser la verdad desde un principio o por no poder sostener la palabra, Trump le da un giro de 180° a su discurso (otro rasgo paranoico). El mismo sábado 3 de diciembre pasado, tras de capturar al líder del Palacio de Miraflores, Trump afirma con un juicio categórico que Washington busca recuperar de Venezuela el petróleo que le ha sido “robado” a Estados Unidos.
Una intervención militar norteamericana sobre Caracas y otros lugares estratégicos del territorio venezolano, la captura de Maduro y su esposa Cilia, sumadas a la disposición de gobernar Venezuela, no solo despierta sospechas sino severas críticas de políticos y especialistas en derecho internacional. Porque como afirma Gabriel Boric de Chile: “La soberanía y el Derecho Internacional no son opcionales, sino la base de todo orden legítimo.” A lo que se suma Luiz Inácio Lula da Silva, el mandatario brasileño: “atacar a los países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo.” Además, en términos jurídicos, Estados Unidos no solo violó el derecho internacional, sino también la ley norteamericana, al no pedir la autorización al Congreso 48 horas antes.
En realidad, el discurso paranoide, desde que Trump asume que el crimen organizado y el narcotráfico son una amenaza a la seguridad nacional de USA, prepara las condiciones para ocupar el instrumento militar para ir contra los enemigos prefabricados previamente en la Casa Blanca. Tal vez lo único claro es que la causa democrática, para hacer estas acciones sobre Venezuela, está fuera de la agenda de Trump. Además, Estados Unidos, jamás ha puesto como algo prioritario la defensa de los valores de la democracia liberal.
En realidad, esta reciente tragedia neocolonialista, deja ver a cielo abierto, que lo que importa no es la democracia ni acabar con el crimen organizado ni el narcotráfico, sino las riquezas, la mercadotecnia, la piratería contemporánea, la ambición por las banalidades, el impotente dominio por sobre el poder virtuoso, el neocolonialismo para sostener la ilusión sin porvenir de la imposible completud del EgoImperial.
Pero, ¿Un diván para Donald Trump? ¡Imposible! Sólo puedo tratar de leer el discurso de la paranoia que parece desplegarse en un programa unilateral delirante y neocolonial, que amenaza a nuestro único hábitat en el universo.





